PRESENTACIÓN
LAS MANOS DE JULIA
de VÍCTOR JUAN
Concha Breto
Antiguo Salón de Plenos de la Diputación Provincial de Zaragoza
19 de junio de 2025
|
Saludos y hacer referencia al sitio y a la fecha, una fiesta, una auténtica celebración
Agradecimiento a Seve Admiración por su capacidad de trabajo, su valentía, su compromiso con la cultura y con los más vulnerables, por su amor y conocimiento del "ortal", y su don de la palabra.
Agradecimiento a Víctor Juan por pensar en mí para la presentación de este libro. Siento una gran responsabilidad, pero es todo un honor; porque siento una gran admiración por él desde hace mucho tiempo, antes de conocerlo personalmente, a través de sus artículos, escritos y libros, la vida me ha dado el regalo de contar con su amistad. Víctor Juan, para aquellos que todavía no lo conozcáis, es maestro, pedagogo, investigador, profesor de la Universidad de Zaragoza, da clase en la Facultad de Educación de Huesca, y es director del Museo Pedagógico de Aragón... Ha investigado los pasos de grandes figuras de la educación de nuestro país y ha ido más allá plasmando su pasión por esos referentes en diferentes publicaciones (artículos, ensayos, novelas...): María Sánchez Arbós, Ramón Acín, Paco Ponzán, Palmira Plá... Por citar de lo más reciente, diré que son deliciosos sus 22 textos sobre escuelas, amor y pedagogía publicados previamente en Heraldo Escolar y que ha recopilado en una caja que titula "Pasión por enseñar". Víctor Juan es la memoria de la Educación Aragonesa, todo un referente para aquellos que nos dedicamos a este hermoso oficio de enseñar, todo un referente para aquellos que tengan interés por la memoria histórica, todo un referente en general para todos los aragoneses. Tomo prestadas las palabras de Antón Castro en el artículo «Víctor Juan: Amor y Pedagogía»: «esencialmente un idealista, un hombre romántico, que cree en la fuerza de las palabras (...) un maestro que cree en la libertad, en la curiosidad, un hombre laico que se extravía por la naturaleza y que considera que el conocimiento, a la intemperie, es la aventura más hermosa». Hoy presentamos su último libro Las manos de Julia, una novela con una BANDA SONORA que traigo aquí en una cajita y una cinta de papel. Como dijo mi padre la primera vez que disfruto de este maravilloso artefacto: «En esta casa hasta los cartones cantan», porque mi casa es una casa de músicos, que me rodean, envuelven, apoyan y van conmigo allá donde yo voy, hoy también. Escuchemos... El canon de Pachelbel está presente a lo largo de todo el libro, guardado dentro de un objeto. Un objeto, que como os podéis imaginar, no solo guarda está música, esconde al menos un secreto ¡terrible por cierto!, cobija el alma de su primer dueño, y nos desvela el alma del siguiente. Los objetos encierran la esencia de quien los poseyó, ellos nos llevan a su recuerdo. Dice Jesús Carrasco en su libro Elogio de las manos que «Todo lo que nos rodea es portador de una conciencia. Cada cosa ha sido hecha, traída o llevada por alguien. Hay un motivo que explica... Hay una intención para cada una de esas cosas. ... Es una voluntad y un elemento de estima...». Por eso la importancia de los objetos en nuestras vidas, por eso la importancia de ese objeto en este libro. Las manos de Julia es un libro que habla de nuestra historia colectiva como país, pero también de nuestra historia familiar e individual. Es una ficción basada e inspirada en hechos terribles que acaecieron al comienzo de la guerra civil y que tuvieron su recorrido prácticamente hasta nuestros días, sucesos que ocurrieron en los mismos lugares por los que hoy vivimos, paseamos, nos enamoramos... Un libro en el que están presentes los maestros de la República y sus sueños. Yo soy maestra con un largo recorrido profesional, en el que he aprendido de mucha gente excepcional. Pero sin ninguna duda, uno de mis referentes son esas maestras y maestros de la II República, luchadores comprometidos contra el atraso y la incultura de aquella época. Tenían bien poco comparado con lo que tenemos ahora, materialmente hablando; pero tenían lo más importante, el convencimiento de que la educación era la llave para el cambio, tenían alma y pasión. Además, las maestras de la República fueron mujeres que se comprometieron con la modernización de la educación y la conquista de los derechos de las mujeres. Fueron referentes, y por ello perseguidas por el franquismo. Muchos y muchas fueron fusilados, perseguidos, exiliados, depurados, ... Un libro de hombres buenos que creían en el poder de los libros, como creemos todos o la mayoría de los que estamos aquí. Dice Víctor Juan en la página 16: «Quizá fueran los libros la razón de que en aquella casa del ensanche de la ciudad la luz fuese distinta, la luz que irradiaban las ideas y las palabras contenidas en miles de volúmenes minuciosamente ordenados. Al traspasar la puerta de la casa de don Francisco, tenía la sensación de que la vida estaba allí detenida y los libros podían protegernos del dolor, del miedo y de la incertidumbre». Un libro de hombres buenos, pero también de hombres obcecados por el odio. En esta novela está reflejado todo el mundo de Víctor Juan, todo lo que es, todo en lo que cree, todo lo que sabe, todas sus obsesiones... Una ficción inspirada en historias reales. Víctor sabe mucho de nuestra historia de primera mano, con nombre y apellidos, fechas, detalles, entrevistas, expedientes, ... En esta novela rinde homenaje a los maestros republicanos, a algunos de sus amigos, a los que le han ayudado en alguna ocasión, a las mujeres empoderadas... Cada personaje tiene su intrahistoria, os puedo asegurar que es una delicia escuchar quién está detrás de cada uno de los personajes. Os recomiendo que organicéis, si podéis, un encuentro con él posterior a la lectura del libro. Y por supuesto también rinde un homenaje a la palabra, dice así en la página 14: «Defendía que los seres humanos éramos esencialmente palabras y que con las palabras construíamos el mundo, nos apropiábamos de él y podíamos hacerlo más hermoso». Defendía Jorge Gonzalvo, en una conferencia que le escuché recientemente, que el poder de la ficción sobre el ensayo radicando en la capacidad de provocar el sentimiento de la empatía; de meternos en la piel del otro, tanto de los héroes como de los villanos. Yo añado que no toda ficción lo consigue, pues depende del buen hacer del escritor, de conocer bien el alma del ser humano. Víctor refleja lo mejor y lo peor de una manera descarnada, y lo hace por esa sabiduría que le ha dado su capacidad de observar, de estarse, de estudiar, de amar, de sentir, de ser... Os confieso que en esa primera lectura bulímica que hice, me sentí absolutamente desgarrada. Sentía el dolor físicamente en mi pecho y en las vísceras. En todos los libros que leemos nos encontramos, todos hablan de cada uno de nosotros, porque como seres humanos compartimos lo universal. Este libro fue espejo, me sentí reflejada como familia de vencidos, y tuve enfrente a un asesino que quizá hubiera podido ser el asesino de mi tío abuelo desaparecido; y eso me hizo ser más consciente de dónde venimos, de que no debemos bajar la guardia. Y todavía cobran más sentido los pequeños actos simbólicos como el que celebramos todos los años en mi pueblo, La Puebla de Híjar, liderados por el grupo de Izquierda Unida. Acudimos al cementerio el día de la República para rendir homenaje a nuestros antepasados republicanos y sus ideales: familiares, referentes, anónimos, personalidades.... Sabemos que no es suficiente con recordar, todos los días del año debemos trabajar en nuestro entorno (trabajo, familia, amigos) para hacer un mundo mejor, por unos ideales que tienen sus raíces en la II República, heredados a través de familiares, amigos, lecturas, charlas, documentales, ... Como en la misma vida no podemos quedarnos enganchados al dolor. Este libro, en algunos pasajes desgarrador, habla fundamentalmente de la bondad del ser humano; que, según el filósofo y docente, José Miguel Valle, es el punto más elevado de la inteligencia. Habla de la bondad de los que soñaron en un mundo mejor, a través de la cultura y de la palabra, de los que no pudieron ni siquiera sospechar lo que se les venía encima. Incluso en la adversidad, siempre habrá un rincón donde reine la bondad. La lectura de este libro me ha hecho más consciente de la bondad de los que guardaron y guardan silencio. Siempre pensamos que era el miedo el único motivo de su silencio. Su silencio fue y es un manto protector para los que vinimos después, un verdadero acto de amor. «El amor es la única emoción capaz de ampliar la inteligencia» (Humberto Maturana) Pero el silencio no todo lo puede, aunque nuestros antepasados nos protegieran con ese acto de bondad. Sabemos que la herida trasciende al silencio, no es necesario que se nos cuente con palabras. La teoría sistémica pone sobre la mesa la trasmisión de las heridas dentro de los grupos sociales: generaciones, pueblos, familias... La reputada neurocientífica Nazareth Castellanos en la presentación de su libro El puente donde habitan las mariposas afirmaba que los conflictos bélicos afectan al menos a tres generaciones. Sacad las cuentas... Insiste Víctor Juan que en este libro también hay esperanza, encarnada en la figura de Julia, en concreto en sus manos. También hay simbolismo en esa elección: Julia es una mujer joven, con toda la vida por delante. El autor podía haber elegido a su compañero Juan, pero no, eligió una figura femenina que rompe con la historia de protagonistas masculinos de la obra. En una charla que mantuvimos hace unas semanas para hablar del libro me contaba que siempre se enamoraba de las mujeres que aparecían en sus novelas: mujeres fuertes, con mucha personalidad, empoderadas. ¡Lo ha vuelto a hacer! En las manos también reside un trozo de nuestra alma, con las manos expresamos lo que somos sin palabras, a través de las manos damos, nos damos y recibimos. «Las manos tienen su propia memoria pero que también tienen su propia estirpe», dice el ya citado Jesús Carrasco. En este caso la estirpe de un hombre bueno. Sí, Las manos de Julia es un libro en el que hay esperanza. Siempre hay esperanza, nunca debemos de perderla. Hay esperanza en la continuación de la historia, es un libro con un final abierto como los que me gustan a mí. Como proclama Víctor Juan reiteradamente «la tristeza nunca debe de ser la última palabra». Un libro en definitiva imprescindible, en estos tiempos extraños en los que no podemos permitirnos el silencio, como dice Chimamanda Ngozi Adichie. En estos tiempos en los que la mentira es una herramienta del poder: «Mentir constantemente no tiene como objetivo hacer que la gente crea una mentira, sino garantizar que ya nadie crea en nada. Un pueblo que ya no puede distinguir entre la verdad y la mentira no puede distinguir entre el bien y el mal. Y un pueblo así, privado del poder de pensar y juzgar, está, sin saberlo ni quererlo completamente sometido al imperio de la mentira. Con gente así, puedes hacer lo que quieras». (Hannah Arendt, historiadora y filósofa alemana, que desarrolló el concepto de «la banalidad del mal»). Por eso son tan necesarios libros como este, vuelvo a citar a Chimananda «el poder de la literatura es su capacidad para dar voz a los que no tienen voz». ¡Gracias Víctor! Es necesario seguir relatando, defendiendo, poniendo sobre la mesa, visibilizando, contrapesando... estemos donde estemos; hablando sobre la memoria histórica, el medioambiente, los migrantes, los vulnerables, los que no tienen voz... Es nuestra obligación como ciudadanos en este mundo en el que TODO CAMBIA, como dice la canción del chileno Julio Numhauser que popularizó Mercedes Sosa con la que quiero acabar mi intervención.
|